06:34 pm - El sistema educativo como carrera de obstáculos
La crítica de este post va hacia las pruebas de selectividad de acceso a la universidad, las PAAU y sus réplicas a menor escala en la secundaria. Las PAAU fueron diseñadas en su origen para establecer un filtro de madurez académica que permitiera filtrar cuales eran los estudiantes más capacitados para poder acceder a las plazas de universidad pública. Más adelante, se convirtió, sin ser un propósito político, en un filtro que determinaba qué estudiantes podían acceder a determinadas carreras en base a una nota de corte independiente para cada carrera.
De entrada, este sistema parece justo, impermeable a la corrupción. Quizás sea lo único justo que tenga este sistema. Desde luego no es el único sistema justo que se pudiera utilizar y sobretodo es un sistema que deforma terriblemente los principios elementales de la enseñanza. Cuando un alumno dedica dos años de su vida para preparar un examen que durara unos pocos días de una semana, es obvio que algo va mal. Son dos años dedicados a empollar datos, de una forma mecánica que para nada implica el intelecto. Es una fea forma de humillación y docilidad ante el sistema educativo. El alumno siente tanta presión por superar la prueba y aprender el temario que acaba desarrollando aversión contra los temas de los que se les examina. Al igual que los niños a los que desde pequeños se les presiona para aprender a tocar un instrumento, para superar las constantes pruebas; el resultado en la mayoría de los casos es un adulto al que le tiemblan las rodillas cada vez que se acerca al instrumento que le fue adjudicado de niño.
Hay otros condicionantes que alienan el concepto de aprendizaje de esas pruebas:
- Los nervios
- La capacidad de memorizar de cada alumno
- El “me dejo mi pareja la semana pasada/mi padre murió ayer”
- El medir el grado de madurez académica de una persona en un número del uno al diez con decimales.
Lo más frustrante de todo esto es que un alumno puede pasar esa prueba, empezar una carrera durante un año o dos, y al final darse cuenta de que no le interesa lo que está estudiando, al final obtiene como resultado (a parte de la frustración de no poder focalizar su capacidad intelectual) 3 o 4 años de su vida en los que ha sudado y no ha conseguido nada.
Por otro lado está la cuestión de si un adolescente (acotemos aquí a la norma general) es lo suficientemente maduro como para evaluar por que carrera universitaria está dispuesto a pasar por esa carrera de obstáculos.
Anotaciones sobre este problema en el extranjero:
- En Italia, los exámenes son siempre orales (miedo)
- En Alemania el estado está obligado a dar plazas universitarias a todos los estudiantes (aunque quede desequilibrada la balanza industria-escuela) Dedican un solo año a preparar el acceso universitario. (bien)
- Es costumbre escandinava el dedicar un año sabático preuniversitario a la búsqueda de orientación académica y laboral. Como en la primera entrada de este tratado; Primero preparar las carencias, luego buscar las soluciones. (muy bien)
- En muchas universidades anglosajonas se buscan soluciones a medida según el tipo de estudios universitarios, por ejemplo, los estudiantes de arte y diseño preparan un “portfolio” con trabajos del área que van a estudiar en la universidad (trabajos de diseño o arte). Esto nos lleva al prototipo ideal del estudiante motivado. Sería interesante ver si durante ese proceso individual de preparación el alumno ya encuentra si su vocación es auténtica o no. (muy rebién)
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